EL PESO DE UNA CONDENA HISTÓRICA

EL PESO DE UNA CONDENA HISTÓRICA

Miguel Jiménez-Torres*

 

nakasaki-y-fujimoriSi el juicio y la sentencia emitida contra al expresidente de la República, Alberto Kenya Fujimori Fujimori, han quedado grabados en la historia del Perú y del mundo entero, la actuación de todas las partes procesales también han sido registradas. Sus nombres se recordarán, más que por su buena o mala actuación durante las audiencias, por la posición asumida en el proceso penal.

 

Todos recordaremos que fue el vocal César San Martín quien presidió el tribunal y que, luego de 16 meses y más de 160 sesiones, condenó a 25 años de pena privativa de libertad al autor mediato de las matanzas de Barrios Altos y La Cantuta y de los secuestros de Gustavo Gorriti y Samuel Dyer.

 

Nos acordaremos también de los fiscales José Peláez Bardales y Avelino Guillén Jáuregui, quienes se turnaron cada semana para representar a la sociedad peruana y sustentar la acusación que presentó el Ministerio Público para que se haga justicia.

 

Los nombres de alguno de los abogados de la parte civil también serán recordados. Gloria Cano, Carlos Rivera y Ronald Gamarra unieron sus esfuerzos y consiguieron, a través de la sentencia leída el 7 de abril de 2009, la justicia que por tantos años clamaban los familiares de las víctimas y los dos personajes secuestrados en el año 1992.

 

Pero, como en la vida misma, no todo es bueno y siempre aparece el lado oscuro. Aquí también encontramos a algunos personajes que son considerados como “los malos de la película”. En estos roles, el papel estelar se lo llevó, sin duda alguna, Alberto Fujimori, quien inclusive al inicio del juicio se permitió gritar estruendosamente: “soy inocente”, ante al asombro de la Sala y de las millones de personas que observaban y escuchaban el “megajuicio” por cadena nacional.

 

El otro personaje del mismo elenco es César Nakasaki, abogado de la defensa, quien quedará en la historia de la justicia nacional y del hemisferio como aquel litigante que intentó infructuosamente de probar que Fujimori no tenía culpabilidad alguna en los execrables y evidentes crímenes que se cometieron durante su gobierno. Un auténtico “abogado del diablo”.

 

Por ello, el peso de la condena impuesta a Fujimori no recae solo en los antecedentes de este deslucido personaje sino, sobre todo, mancha de negro la trayectoria de este abogado defensor de sentenciados por violar los derechos humanos, presuntos narcotraficantes, entre otros “personajes”.

 

Algunos de sus clientes fueron Nicolás de Bari Hermoza Ríos, el ex “general victorioso” de Fujimori, y Magaly Medina, la supuesta reina la farándula chola. Precisamente, defenderla le valió a Nakasaki ser calificado por Vladimir Paz de la Barra, exdecano del Colegio de Abogados de Lima, y actual miembro del Consejo Nacional de la Magistratura, como el “abogado de espectáculos”. Un estigma que le calzó como anillo al dedo.

 

A manera de reflexión, sostenemos que un abogado honesto debe propender a alcanzar la justicia y no a obstaculizarla por intereses personales o mezquinos. Si bien es cierto que todas las personas tienen derecho a la defensa y a ser procesados con pleno respeto del debido proceso, los abogados no deberían armar estrategias deshonestas para intentar salvar a su cliente por cualquier medio o forma y a cambio de un plato de lentejas de oro o plata que aumenta sus cuentas financieras, aunque no su dignidad profesional.

 

Digo dignidad y no prestigio profesional, ya que el primero debemos entenderlo como la decencia y el decoro al ejercer una profesión; mientras que el prestigio, es solo la influencia y reputación lograda, a veces en componenda con cierto grupo de periodistas y medios de comunicación que le dan cabida a quien acapara la atención y les da más rating.

 

Pero ante la disyuntiva de escoger entre ser abogado de la parte civil o defensor de Fujimori, yo no hubiera dudado ni un solo instante en preferir lo primero, de acuerdo con mis principios personales, mis ideales y los valores aprendidos desde niño. Cada abogado escoge con cuál camiseta jugar y a qué equipo defender. Cada quien escoge y construye el camino que lo llevará a la gloria o al infierno. Cada quien sabe en la intimidad de su dormitorio si sus actos lo dejan dormir tranquilo o le remueven la conciencia hasta el insomnio.

 

Nakasaki decidió ser el abogado de Fujimori y sobre él también cayó y recaerá el peso de su condena histórica. Y si hasta el peor delincuente tiene derecho a tener un abogado que lo defienda, entonces, que lo haga quien quiera hacerlo. Yo prefiero ser abogado de la parte agraviada. Prefiero defender a la víctima antes que al asesino. Porque, como ya lo he dicho: solo la defensa de causas justas logrará que se haga justicia.

 

 

* Abogado y licenciado en Ciencias de la Comunicación: Especialidad de Periodismo. Egresado de las maestrías en Derecho Constitucional y Derechos Humanos e Investigación en Comunicación, y candidato a doctor en Derecho y Ciencia Política.